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Accidentes marítimos

El abordaje entre el portaaviones "Eisenhower" y el bulkcarrier "Urduliz"

UN PILOTO EN EL PUENTE DE LOS HERMANOS MARX

Publicado en la Revista General de Marina de Noviembre de 2014 por Luis Jar Torre

 

 

El crucero “Costa Concordia” saliendo de puerto de Palma de Mallorca

"Eisenhower" en la mar en octubre de 2012; la imagen, obtenida desde la prolongación de su línea de crujía y al nivel de la cubierta de vuelo, permite apreciar la sección trasversal de la obra muerta y su descomunal manga. (Foto USN - Thomas L. Epps)

Una de las "maniobras" hispano-norteamericanas más insólitas que registran los anales ocurrieron en aguas de Norfolk (VA) en agosto de 1988, participando por parte estadounidense el portaaviones nuclear "Eisenhower" y por la española el bulkcarrier "Urduliz". Lo más destacado del evento fue que, mientras entraba en puerto, el portaaviones norteamericano consiguió un "impacto directo" de su costado de Er contra la proa del mercante español, que estaba fondeado. Para un marino llevarse por delante un objeto inmóvil de 273 metros de largo siempre tiene algo de embarazoso, pero ninguno de los tres oficiales "senior" que aquel día estaban a cargo de la maniobra del "Eisenhower" había recibido una formación convencional como marino, su experiencia náutica era tan limitada como su programa y el puente donde navegaban tenía un ambiente de trabajo y una densidad de población propios del camarote de los Hermanos Marx. En mi opinión, tan asombrosas circunstancias no eran achacables a estos oficiales, que habían demostrado su capacidad en otros ámbitos, sino a un sistema que, en aras de la honrada ambición profesional, les había colocado en una situación que desbordaba su formación y experiencia.

Para un oficial de Marina hay pocos destinos tan exigentes como el de piloto naval; si ha de mantenerse en la cresta, las "alas" absorberán todas sus capacidades durante buena parte de su carrera, impidiendo el normal desarrollo de su formación como marino hasta una edad en la que ya no tendrá la oportunidad ni la maleabilidad para aprender "desde abajo". Si además ese piloto ingresó directamente en una Escuela de Vuelo, sin pasar cuatro o cinco años en una Academia Naval (o una Escuela de Náutica), la cosa se complica. Un piloto naval "reconvertido" en marino será reacio a reconocer su hándicap, pero si le consultamos la conveniencia de que un marino se inicie como piloto (siquiera comercial) a los cuarenta, le dará la risa tonta. Sin duda, la madurez no es el mejor momento para que un oficial de cubierta con quince años de embarque inicie una carrera como piloto de 747 tras un curso monográfico pero, al menos en 1988, la Marina norteamericana improvisaba marinos que pasaban de los cuarenta, a los que suponía capaces de manejar buques de más de trescientos metros de eslora en aguas confinadas y sin el auxilio de un práctico. Puede alegarse que durante la Segunda Guerra Mundial los norteamericanos improvisaron con éxito miles de oficiales navales, pero eran veinteañeros y no mandaban portaaviones nucleares. Salvo episodios muy esporádicos la Armada Española no ha improvisado marinos, pero durante los últimos años el plan de estudios de la Escuela Naval ha tenido que acomodar un creciente bagaje de conocimientos técnico-mecánicos en perjuicio de los náutico-marineros, que son la huella genética de un hombre de mar.



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