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Accidentes marítimos

"Herald of Free Enterprise"
Ponerle puertas al mar

Revista General de Marina, número de enero-febrero de 2003
Luis Jar Torre

 

 

 

El crucero “Costa Concordia” saliendo de puerto de Palma de Mallorca

El "Herald of Free Enterprise" navegando normalmente. Obsérvese la ola de proa, algo menos de un metro, bajo la puerta de la cubierta G.

Una tarde santanderina ya remota en el tiempo, el profesor de Economía Marítima nos planteó a sus alumnos de primero de Náutica una cuestión que cada cual debía responder como mejor pudiera: “objetivo de la empresa naviera”. Recuerdo mi autocomplacencia cuando, tras escuchar el ramillete de respuestas de mis compañeros, conseguí pergeñar una aparentemente infalible: “el transporte de personas y mercancías por mar”; también recuerdo mi chasco cuando, entre condescendiente y compasivo, el profesor nos explicó la dura realidad que se nos venía encima: el objetivo de la empresa naviera no era transportar nada, sino “la obtención de beneficio económico mediante el transporte marítimo”. En la misma aula, el profesor de Construcción Naval y Teoría del Buque trataba de inculcarnos por las mañanas que, como las proas de los buques estaban sometidas a múltiples esfuerzos, se construían con especiales requerimientos de solidez y estanqueidad. A punto de cumplir los dieciséis, no podía ni sospechar que ambas tesis pudieran llegar a ser incompatibles pero, de haberlo hecho entonces, no habría dudado en considerar axiomática la tesis del marino antes que la del economista; ¡y de nuevo me habría equivocado! Definida la “finalidad de la misión”, las empresas navieras suelen estar dirigidas por economistas, siendo tan raro ver un marino frente a una de ellas como, por idénticas razones, puede que llegue a serlo ver un médico al frente de un hospital. Y no me quejo, son las reglas de un sistema que, con todos sus defectos, consigue mantenernos bien alimentados a base de continuos sacrificios al dios de la eficacia pero, aún sin quejarme, desde aquella tarde no he conseguido salir de mi asombro ni (precisamente por ello) de una aceptable mediocridad.


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