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Artículos técnicos

Proa bulbo

Los principios de la física establecen que una ola en un fluido es un visible despilfarro de energía.

¿Cómo funciona?

remolque

Si el canal formado por el agua que fluye fuera del bulbo coincide con la ola de proa, se anula parcialmente y reducen la corriente de estela de la embarcación.
Mientras que la inducción de otra corriente de onda roba la energía de la nave, anulando la segunda corriente de onda en la proa cambia la distribución de la presión a lo largo del casco, reduciendo de este modo la resistencia de onda.
El efecto que tiende a distribuir la presión sobre una superficie se lo conoce como el “efecto de forma”.

En un arco en forma convencional, una onda de arco se forma inmediatamente antes de la proa.
Cuando se coloca un bulbo debajo del agua por delante de la misma, el agua es forzada a fluir a lo largo del bulbo permitiendo un gran ahorro de combustible al disminuir cerca del 15% de la resistencia hidrodinámica del barco.
Por eso, una proa bulbo bien diseñada obra como un pequeño submarino que precede al buque.
El mismo está hueco, y su único objetivo es desviar el agua para que esta interfiera con la ola de proa del barco.
Esta interferencia consigue reducir la altura de la ola de proa y por tanto la energía perdida por la creación de esta resistencia.
La forma y tamaño dependen de la velocidad para la que se diseña el barco. Por esta razón el bulbo consigue ahorros considerables de combustible cuando se navega a velocidades altas de crucero.
Con velocidades pequeñas, su ventaja es muy pequeña, pesando más la resistencia debida al aumento de superficies mojadas, que las mejoras de comportamiento hidrodinámico.
Por esta razón en los barcos pequeños y de recreo cuyas velocidades son lentas se diseñan sin ningún tipo de bulbo.

Su desarrollo

El concepto proa de bulbo se acredita a David W. Taylor, ingeniero naval que sirvió como principal constructor de la marina de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial.
El concepto fue introducido por primera vez en su diseño de la USS “Delaware”, que entró en servicio en 1910.
El diseño del arco no gozaba inicialmente una gran aceptación, a pesar de que se utilizó en los cruceros de la clase Lexington con gran éxito después que los dos buques de la clase que sobrevivió el Tratado Naval de Washington se convirtieran en portaaviones.
Esta falta de aceptación cambió en la década de 1920, en Alemania al poner en marcha el “Bremen” y el “Europa”.
Se les conocía como los galgos alemanes del Atlántico Norte, eran dos grandes transatlánticos comerciales que competían para el comercio transatlántico de pasajeros.
Ambas naves ganaron la codiciada cinta azul, el “Bremen” en 1929 con una velocidad promedio de cruce promedio de 27,9 nudos, y el “Europa” superando a ella en 1930 con una velocidad promedio de cruce de 27,91 nudos.
El diseño comenzó a ser incorporado en otros lugares, como en los EE.UU. que construyeron el “Presidente Hoover” y el “Presidente Coolidge”, buques de pasajeros lanzados entre finales de los 20´ y principios de  los 30´.
Aún así, la idea fue vista en gran parte como experimental por muchos constructores y propietarios de buques.
En 1935 los franceses acoplaron un bulbo de enorme tamaño y rediseñaron la forma de la carena  al superliner “Normandie”.
Con el fue capaz de alcanzar velocidades superiores a los 30 nudos reduciendo notablemente ola de proa.
El gran rival del “Normandía” fue el trasatlántico británico “Queen Mary”, que logró velocidades equivalentes con una proa tradicional sin bulbo y buen diseño del casco.
Sin embargo, una diferencia crucial fue que el “Normandía” logra estas velocidades con aproximadamente el treinta por ciento menos potencia que “Queen Mary” y con la correspondiente reducción en el consumo de combustible.
Diseños proa de bulbo también fueron desarrollados y utilizados por la Armada Imperial Japonesa.

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